domingo, 16 de mayo de 2010

Memoria



La muerte ostenta su absurda presencia.

No hay nada que hacer,

se siente el clamor en los huesos,

sobre la tierra, encima del cielo.

La sangre acusa dolor y tragedia,

el frio arroja un odio desnudo,

se congelan estrellas y cuerpos,

algunos distantes, otros más cerca,

y un hambre voraz que pide memoria,

no hay remordimiento que los reviva,

ni tortura que los detenga.

Ausencias y vacíos,

eternamente residuales.

Muros coléricos,

laberintos ciegos y enfurecidos,

conducen a la nada,

pero jamás al olvido.



Noelia Cezar





En honor a las víctimas del Holocausto Judío.

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