La muerte ostenta su absurda presencia.
No hay nada que hacer,
se siente el clamor en los huesos,
sobre la tierra, encima del cielo.
La sangre acusa dolor y tragedia,
el frio arroja un odio desnudo,
se congelan estrellas y cuerpos,
algunos distantes, otros más cerca,
y un hambre voraz que pide memoria,
no hay remordimiento que los reviva,
ni tortura que los detenga.
Ausencias y vacíos,
eternamente residuales.
Muros coléricos,
laberintos ciegos y enfurecidos,
conducen a la nada,
pero jamás al olvido.
Noelia Cezar
En honor a las víctimas del Holocausto Judío.


Contundente final.
ResponderEliminarTe sigo.
Excelente! Pintas también?. Un saludo y Gracias por pasar por mi blog!
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar